lunes, 29 de octubre de 2012

Introducción Histórica - Próximo Oriente

Introducción histórica M.ª Pilar González-Conde Puente (Universidad de Alicante)

En la segunda mitad del IV milenio se habían formado ya una serie de núcleos urbanos en el sur de Mesopotamia cuya vida se articula en torno al templo y a la figura de un rey sacerdote, y que desarrollan la escritura cuneiforme. Los responsables de todo este proceso son los Sumerios, que encontramos en ciudades como Ur, Uruk, Lagash o Kish.

     A lo largo del III milenio encontramos ya allí poblaciones de origen semita que, en el último cuarto del milenio, comenzaron la formación de estados territoriales. Este es el caso del rey Sargón de Akkad, que ejercía el control sobre los territorios de Summer y Akkad (la baja Mesopotamia).
     Desde finales del milenio, otros grupos semitas occidentales se van asentando en Mesopotamia, atraídos por las posibilidades que ofrecen las prósperas ciudades del Eúfrates y Tigris. Los habitantes de la región les llamaban «Martu», y eran los «Amoritas» o «Amorreos». En el siglo XVIII a.C., un rey amorita llamado Hammurabi ejercía el control sobre un extenso reino con capital en Babilonia. Los valles medio y bajo de los dos grandes ríos que recorren Mesopotamia constituían ya por entonces una región central en la política internacional asiática. Mientras tanto, en el alto Tigris, los Asirios constituyen también ya una gran potencia.
     En el siglo XVI a.C. se formaron algunos grandes estados en el Próximo Oriente: el Imperio Hitita en el interior de Anatolia, y Mitanni en la región del alto Eúfrates y su afluente el Habur. Mientras tanto, Babilonia estaba gobernada por reyes Cassitas, recibía el nombre de «Karduniash» y había perdido su papel internacional. Sin embargo, mantenía una activa diplomacia, derivada del interés que los grandes estados tenían por esa región. En el siglo XIV a.C., el rey hitita Subbiluliuma se casó con una princesa Cassita. En las siguientes centurias, los reyes de Babilonia se convirtieron en vasallos de sus vecinos del norte, los Asirios.

     A finales del II milenio y comienzos del I, todo el Próximo Oriente sufrió transformaciones: destrucción de algunas importantes ciudades, llegada de nuevos pueblos y generalización del uso de la metalurgia del hierro. Las ciudades de la baja Mesopotamia seguían regidas desde Babilonia, ya entonces por monarcas caldeos (Arameos), que ahora eran tributarios de los reyes del alto Tigris, hasta que en el siglo VII a.C. se liberaron. Nabucodonosor II (605-562 a.C.) llegó a gobernar desde los Zagros hasta la costa mediterránea, saqueó las ciudades de Tiro y Jerusalem y deportó a numerosos prisioneros de guerra.
     En los siguientes siglos, Babilonia se convirtió en territorio de grandes estados extranjeros: Persas, Griegos y Romanos.


Fuente de la nota: http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/antigua/mesopotamia.shtml
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