jueves, 28 de octubre de 2010

SUMARIO DEL PROCESO CONTRA GIORDANO BRUNO Roma, 1597

Volumen de papel, 320 x 245 mm., 429 folios (numeración antigua, en parte equivocada y sin incluir muchos folios blancos), encuadernado en pergamino; en el dorso: VARIA. Censurae. ASV, Misc., Arm. X, 205, ff. 230v‑231r. Fuente: http://asv.vatican.va/es/doc/1597.htm
En uno de los volúmenes del fondo «Miscellanea Armadi» (Arm.X, 205), quizá compuesto mediante la recopilación de varios escritos del conocido canonista Francisco Peña, auditor y después decano de la Rota (fallecido en 1612), se encuentra un valioso texto que se buscó y se mantuvo secreto durante mucho tiempo y que finalmente fue encontrado en el fondo Pío IX por el prefecto del Archivo Vaticano, Angelo Mercati, el 15 de noviembre de 1940, tras 15 años de investigaciones sin éxito. Se trata del sumario del proceso contra Giordano Bruno. A Mercati se debe también la publicación del sumario con una amplia y consistente introducción, aparecida en 1942.
Al haberse perdido irremediablemente el volumen o los volúmenes del proceso romano contra Giordano Bruno (1548-1600), que en el pasado se habían conservado en el archivo del Sant’Offizio, el presente texto, que procede de los originales (se citan a menudo, en los márgenes del sumario, las páginas del proceso perdido), se convierte en un testimonio todavía más valioso para el conocimiento del largo y enrevesado proceso inquisitorio al que se sometió al célebre fraile dominico. En el sumario confluyeron, probablemente para uso del consejero del Sant’Offizio de la época, extractos de las obras de Bruno, sus declaraciones (es decir interrogatorios), algunos actos del proceso veneciano afrontado por el célebre predicador en 1592 y otros escritos copiados también del proceso original.
El caso humano de Giordano Bruno se concluyó con el proceso romano (1593-1600) y con la sentencia de herejía reconocida, la cual, al perdurar su extrema y resuelta defensa de su inocencia, se convirtió en la aplicación de la pena capital que se ejecutó en Campo dei Fiori el 17 de febrero de 1600. En una de las últimas declaraciones que precedieron a la sentencia (quizá de abril de 1599), el dominico fue interrogado por los jueces del Sant’Offizio sobre su concepción cosmogónica, propugnada sobre todo en La cena delle ceneri, y en el De l’infinito universo et mondi. Él entonces sostuvo sus teorías y defendió que eran teorías con base científica y en absoluto contrarias a las divinas Escrituras (parte izquierda, a partir de la primera línea: Circa motum terrae, f. 287, sic dicit:Prima generalmente dico ch’il moo et la cosa del moto della terra e della immobilità del firmamento o cielo sono da me prodotte con le sue raggioni et autorità le quali sono certe, e non pregiudicano all’autorità della divina scrittura [...]. Quanto al sole dico che niente manco nasce e tramonta, né lo vedemo nascere e tramontare, perché la terra se gira circa il proprio centro, che s’intenda nascere e tramontare [... ]). En esas mismas salas en que se interrogaba a Giordano Bruno, por estos mismos cruciales problemas de la relación entre la ciencia y la fe en los albores de la naciente astronomía y en el crepúsculo de la decadente filosofía aristotélica, dieciséis años después habría sido convocado por el cardenal Bellarmino, que ahora contestaba a Bruno las tesis heréticas, Galileo Galilei, que también fue sometido a un célebre proceso inquisitorio que por suerte, al menos en su caso, se concluyó con una simple abjuración.

ACTAS DEL PROCESO CONTRA GALILEO GALILEI


ACTAS DEL PROCESO CONTRA GALILEO GALILEI Roma 1616, 1632-3. Fuente:
Volumen de papel, 338 x 225 mm., 228 folios: encuadernación moderna de cartón verde, con dorso de pergamino. ASV, Misc., Arm. X, 204, ff. 84r, 207r
A pesar de los largos y amplios estudios que no pocos estudiosos han realizado en el pasado para «descubrir», o mejor dicho, encontrar las actas del proceso inquisitorio de Galileo Galilei, hasta hoy no poseemos más que los escritos originales de un mísero resto extraído de voluminosos «expedientes» inquisitorios de Galileo de la época del proceso (1633) o de poco después. Este «extracto» permaneció durante siglos en el archivo de la Congregación del Índice (que solicitó al Sant'Offizio dichos papeles) y se llevó después a París durante la triste confiscación de los Archivos Vaticanos dispuesta en 1810 por Napoleón, pasando por tanto por las manos del duque de Blacas, y finalmente fue enviado por la viuda de éste al Archivo Secreto Vaticano en 1843.
El volumen II, que erróneamente se ha designado durante mucho tiempo como «proceso de Galileo Galilei», en realidad es un conjunto de escritos recopilados por la Congregación del Índice tras la condena de Galileo con el fin de aplicar, sobre la base de las deposiciones y confesiones del proceso, la prohibición de sus libros y la enseñanza de su doctrina (en el interior hay numerosas cartas de obispos o representantes pontificios que atestiguan haber recibido la notificación de dicha prohibición. Algunos de estos escritos se extrajeron de los expedientes perdidos (parece ser que se trata de varios volúmenes) del proceso de Galileo, del cual se conserva todavía la foliación (uno de estos volúmenes tenía al menos 560 folios, es decir 1120 páginas).
En el documento (a) se puede observar una de las declaraciones o interrogatorios originales de Galileo Galilei ante la Inquisición (ff. 78r-87r). Más concretamente se trata de la parte final de la deposición que Galileo ofreció el 12 de abril de 1633, que él mismo firmo, según la regla (línea 8: Io Galileo Galilei ho deposto come di sopra), y el principio de la siguiente declaración (línea 9:Die sabbathi 30 aprilis 1633. Constitutus personaliter Romae in aula congregationum, coram et assistente quibus supra, in meique Galileus de Galileis de quo supra [...]).
Tras la condena de las tesis científicas que sostenía Galileo se llegó, como es bien sabido, a la abjuración pronunciada por el gran pisano en la iglesia de la Minerva el 22 de junio de 1633. En los meses siguientes, Galileo obtuvo de Urbano VIII la posibilidad de cumplir su pena de prisión en su villa de Arcetri (1 de diciembre de 1633). Desde ahí, el 17 de diciembre de 1633 enviaba una carta totalmente autógrafa a su «protector», el cardenal Francesco Barberini, gracias a cuya intervención había obtenido ese favor (b).

BULA «DECET ROMANUM PONTIFICEM» LEÓN X EXCOMULGA A MARTÍN LUTERO

BULA «DECET ROMANUM PONTIFICEM» LEÓN X EXCOMULGA A MARTÍN LUTERO.
Roma, 3 de enero de 1521 - Volumen de papel, de 4 folios (rubricellae) + 330, encuadernado en piel de color rojo pálido; en el dorso en alto: LEON. X. BULLAR. A.V. AD IX. L. CLXX. ASV, Reg. Vat., 1160, f. 305r. Fuente:
El plazo de 60 días fijado en la bula Exsurge Domine en los que Martín Lutero debía dar muestra de sumisión al papa vencía el 27 de noviembre de 1520, después de que se hubieran colocado copias de la bula papal en las puertas de las catedrales de Meissen, Merseburg y Brandenburgo, y después de que hubiera llegado a manos del fraile alemán el original a él dirigido, que quemó despreciativamente. Al pontífice, considerada la decisión del innovador de continuar por el camino que había emprendido (in suo pravo et damnato proposito obstinatum), no le quedaba más remedio que poner en práctica la amenaza que había anunciado claramente en el documento del 15 de junio de 1520.
El 3 de enero de 1521 se publicaba la bula Decet Romanum pontificem con la que Lutero era declarado formalmente hereje, al igual que sus secuaces y cualquiera que en el futuro hubiera aceptado o ayudado al mismo Lutero o a sus discípulos. El pontífice se reservaba para sí mismo la posible absolución del monje y ordenaba a todos los arzobispos, metropolitanos, obispos, capítulos de catedrales, canónicos, así como a los superiores de las órdenes regulares, combatir la herejía de Lutero y sus adeptos en defensa de la fe católica. El mismo día en el que se publicaba la bula de excomunión se enviaban breves apostólicos al arzobispo de Mainz Alberto (nombrado inquisidor general para toda Alemania) y a los nuncios Caracciolo y Eck para exhortarles, concediéndoles los poderes oportunos, a combatir y juzgar a todos los luteranos obstinados.
Al contrario que la anterior, esta bula tiene una arenga de tenor exclusivamente jurídico, dejando poco espacio a los textos bíblicos (a partir de la primera línea: Leo episcopus servus servorum Dei. Ad futuram rei memoriam. Decet Romanum pontificem, ex tradita sibi divinitus potestate, poenarum spiritualium et temporalium, pro meritorum diversitate, dispensatorem constitutum, ad reprimendum nefarios conatus perversorum quos noxiae voluntatis adeo depravata captivat intentio, ut, Dei timore postposito, canonicis sanctionibus mandatisque apostolicis neglectis atque contemptis, nova et falsa dogmata excogitare, ac in Ecclesia Dei nefarium scisma inducere [...] contra tales eorumque sequaces acrius insurgere...).

PETICIÓN DE LOS PARES DE INGLATERRA AL PAPA CLEMENTE VII PARA SOLICITAR LA ANULACIÓN DEL MATRIMONIO DEL REY ENRIQUE VIII

PETICIÓN DE LOS PARES DE INGLATERRA AL PAPA CLEMENTE VII PARA SOLICITAR LA ANULACIÓN DEL MATRIMONIO DEL REY ENRIQUE VIII [ex Anglia], 13 de julio de 1530.
Pergamino de 950 x 458 mm.; sobre abierto en el que están cosidas las cintas (de color rojo oscuro) que sujetan 85 sellos de otros tantos firmantes del documento. Los sellos, de cera roja, casi todos con forma de huso, están contenidos en estuches de hojalata. ASV, A. A., Arm. I‑XVIII, 4098 A (XC); detalle de los sellos (XCI). Fuente: http://asv.vatican.va/es/doc/1530.htm
Independientemente de la causa remota del cisma anglicano, no hay duda de que la causa próxima, inmediata y determinante fue el deseo de Enrique VIII, rey de Inglaterra (1509-1547), de librarse de su mujer legítima, Catalina de Aragón, hija de Fernando e Isabel de España y tía del futuro emperador Carlos V, con el fin de contraer un nuevo matrimonio con Anna Boleyn, dama de la corte, la cual no quería pertenecerle si no era como esposa. El soberano no ocultaba sus intenciones y estaba dispuesto a emprender cualquier camino para alcanzar su objetivo. En 1527, Enrique VIII emprendía algunas iniciativas con arzobispos locales y el legado papal, el cardenal Wolsey, para que la solicitud de nulidad del matrimonio del soberano con Catalina de Aragón (que le había dado 6 hijos, de los cuales sólo María Tudor sobrevivió) se tratara en Inglaterra, donde evidentemente el rey podía ejercer sus presiones fácilmente. El pontífice no lo consintió de ninguna manera y reclamó que se discutiera el caso en Roma.
Dadas las delicadas implicaciones que conllevaba el caso, tanto de naturaleza jurídica como de política eclesiástica, Clemente VII se tomaba tiempo antes de pronunciar una sentencia. Y en este lance el rey y sus ministros no cesaban de ejercer presión sobre Roma para que la cuestión se resolviera rápidamente. También los Pares de Inglaterra, todos juntos, se movieron a favor del soberano y con el presente documento – revestido intencionalmente con una forma solemne – en 1530 pidieron al papa que pusiera fin a su espera y a la de toda la nación inglesa.
Su petición tiene la característica de una solicitación, sin duda no es una súplica a favor de la anulación, que ellos dan por descontada, teniendo en cuenta el parecer favorable ya manifestado por doctos ingleses, franceses e italianos, así como la benevolencia que siempre había demostrado el rey respecto a la Santa Sede (a partir de la línea 5: Sufficere sane alioquin debuisset causae ipsius iusticia eruditissimorum virorum calculis passim probata celeberimarum academiarum suffragiis iudicata ab Anglis, a Gallis, ab Italis prout quisque apud eos ceteros eruditione antecellit pronunciata et diffinita ut Sanctitas Vestra, etiam nemine petente et reclamantibus quibuscumque, suo ore suaque auctoritate aliorum sentencias confirmaret, presertim cum causae diffinicio eum regem, illud regnum respiciat, quod de Sede illa Apostolica tam multis nominibus benemeritum sit).Al final del texto los Pares declaran la intención de adherir a la sentencia que el pontífice establezca (antepenúltima línea: Interim vero Deum Optimum Maximum, quem ipsam esse veritatem certissimo testimonio cognoscimus, comprecabimur, ut Sanctitatis Vestre consilia ita informare atque dirigere dignetur, ut quod sanctum, iustum ac verum est a Vestre Sanctitatis auctoritate obtinentes, ab omni alia assequende veritatis molestia liberemur).Es bien sabido que después el papa declaró legítimo el matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, por tanto indisoluble, y que el soberano, al no poder llevar a cabo sus planes, pasó a un nuevo matrimonio declarando la separación de la Iglesia de Inglaterra de la de Roma (cisma anglicano).

BULA «EXSURGE DOMINE» DE LEÓN X AMENAZANDO CON LA EXCOMUNIÓN A MARTÍN LUTERO

BULA «EXSURGE DOMINE» DE LEÓN X AMENAZANDO CON LA EXCOMUNIÓN A MARTÍN LUTERO Roma, 15 de junio de 1520.
Volumen de papel, de 4 folios (rubricellae) + 330, encuadernado en piel de color rojo pálido; en el dorso en alto: LEON. X. BULLAR. A.V. AD IX. L. CLXX, ASV, Reg. Vat., 1160, f. 251r
Los años entre 1519 y 1521 fueron para el Lutero carismático «años de oro» (Oberman), muy ricos en publicaciones y discursos; el fraile agostino de Erfurt parecía haber alcanzado una «seguridad hipnótica», consciente y orgulloso de su misión de proclamar en voz alta la verdad del Evangelio de Cristo contra el anticristo (el papado de Roma), para la genuina y urgente reforma de la Iglesia. «Ecclesiam et ecclesiasticos – escribía en las Operationes in Psalmos compuestas en aquellos años - oportet reformari». En 1520 Lutero publica An den christlichen Adel deutscher Nation von des christlichen Standes Besserung (a la nobleza cristiana de la nación alemana: de la mejora del Estatuto cristiano) en el que estigmatiza nuevamente los males de Roma y confiesa haber deseado «asaltar violentísimamente al papa, como el anticristo».
Y en ese mismo año se retomaba en Roma el proceso contra Lutero (iniciado en 1518 y suspendido por varias razones inherentes a la política papal en 1519). Ya estaba decidida la condena del agostino, auspiciada también por las Universidades de Lovaina y Colonia. Se formaron tres comisiones para examinar los escritos de Lutero, se celebraron tres consistorios (uno de los cuales duró ocho horas) y se llegó a la decisión de la condena. La bula correspondiente fue leída en el consistorio del 1 de junio de 1520 y se decidió publicarla.
Del largo texto de la bula, en el que trabajaron, además de León X, Giovanni Eck y los cardenales Benedetto Accolti y Giulio de’ Medici (futuro Clemente VII) se encuentra una copia en el registro del papa Medici relativo sobre todo al octavo y noveno años de pontificado (Reg. Vat, 1160 folios 251r - 259v). Hubo mala suerte con los originales enviados y casi todos terminaron destruidos; la bula recibida por Lutero, como es bien sabido, fue quemada el 10 de diciembre de 1520 en Wittenberg junto con los libros de derecho canónico, una señal de la ya clara rebelión en Roma.
Con la Bula Exsurge Domine, en la que se repite varias veces el nombre de Lutero, León X condena 41 proposiciones o errores, extraídos de las obras del fraile sajón, como «vel hereticos, vel falsos, vel scandalosos, vel piarum aurium offensivos, vel simplicium mentium seductivos»; las proposiciones condenadas se referían a la «fides fiduciosa», la justificación, la gracia, la jerarquía eclesiástica, la eficacia de los sacramentos, el purgatorio, la penitencia, las indulgencias, el pecado original. El papa conminaba a todos los fieles cristianos a no poseer, leer, defender o imprimir libros de Martín Lutero en los que hubiera tales errores y exhortaba más bien a quemarlos públicamente. En cuanto al innovador de Eisleben, sobre el cual declaraba el pontífice que se había esforzado mucho (Quod vero ad ipsum Martinum attinet - bone Deus!- quid praetermisimus, quid non fecimus, quid paterne caritatis omisimus ut eum an huiusmodi erroribus revocaremus?), se anunciaba que habría sido excomulgado si dentro de los 60 días desde la promulgación de la bula en suelo alemán no realizaba acto de sumisión.
El documento pontificio presenta una larga arenga o preámbulo (una página y media del registro), estudiada específicamente para resaltar el enorme daño que la obra de Lutero infligía a la Iglesia (a partir de la línea 1: Leo etc. «Ad futuram rei memoriam. Exurge Domine et iudica causam tuam, memor esto improperiorum tuorum, eorum que ab insipientibus fiunt tota die, inclina aurem tuam ad preces nostras, quoniam surrexerunt vulpes quaerentes demolire vineam, cuius tu torcular calcasti solus [... ]). Aquí es evidente la remisión a los textos «clásicos» de las bulas de excomunión, desde Inocencio III en adelante, que sin embargo en el ánimo de Lutero tuvieron un efecto contrario al esperado. Él, rebatiendo la acusación, leyó en estas palabras, cargadas de referencias bíblicas que no se le podían escapar, el grito de la Iglesia a su Señor para que la liberara del anticristo, es decir, del papa de Roma.

PERGAMINO DE CHINON - ABSOLUCION DEL PAPA CLMENTE V PARA LOS JEFES DE LA ORDEN TEMPLARIA


PERGAMINO DE CHINON - ABSOLUCIÓN DEL PAPA CLEMENTE V PARA LOS JEFES DE LA ORDEN TEMPLARIA - Chinon, diócesis de Tours, 17-20 de agosto de 1308.
Fuente: http://asv.vatican.va/es/doc/1308.htm

Formato original de un único pergamino de grandes dimensiones (700 x 580 mm.), originariamente con sellos pendientes de los tres legados apostólicos que formaban la Comisión especial apostólica ad inquirendum nombrada por Clemente V: Bérenguer Frédol, cardenal sacerdote del título de los santos Nereo y Achilleo y sobrino del papa, Étienne de Suisy, cardenal sacerdote de San Ciriaco in Thermis, y Landolfo Brancacci, cardenal diácono de San Angelo. Su estado de conservación es discreto, aunque tiene vistosas manchas violáceas debidas al ataque de las bacterias. El original estaba acompañado de una copia simple contemporánea que todavía se conserva en el Archivo Secreto Vaticano con la signatura Archivum Arcis, Armarium D 218. ASV, Archivum Arcis, Arm. D 217.
Lo que sigue corre por cuenta del Vaticano no de los Editores:
EL documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Gran Maestro del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia; tras la abjuración formal, obligatoria para todos aquellos sobre los que recayera la sospecha de herejía, los miembros del Estado Mayor templario son reintegrados en la comunión católica y readmitidos para recibir los sacramentos. Perteneciente a la primera fase del juicio contra los Templarios, cuando Clemente V todavía estaba convencido de poder garantizar la supervivencia de la orden religiosa y militar, el documento responde a la necesidad apostólica de eliminar de entre los frailes guerreros la infamia de la excomunión en la que se habían enredado solos al admitir que habían renegado de Jesucristo bajo las torturas del inquisidor francés. Como confirman distintas fuentes de la época, el papa comprobó que entre los templarios se habían insinuado graves formas de malas costumbres y planificó una reforma radical de la orden para después fundirla en una única institución con otra gran orden religiosa-militar, la de los Hospitalarios. El acto de Chinon, supuesto necesario para la reforma, sin embargo, se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó poniendo en marcha un verdadero mecanismo de chantaje que obligará seguidamente a Clemente V a dar un paso definitivo durante el concilio de Vienne (1312): al no poder oponerse a la voluntad de Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, que imponía la eliminación de los Templarios, el papa, una vez escuchado el dictamen de los padres conciliares, decidió suprimir la orden «con norma irreformable y perpetua» (bula Vox in excelso, 22 de marzo de 1312). Clemente V especifica, sin embargo, que esta sufrida decisión no constituye un acto de condena por herejía, al cual no se habría podido llegar sobre la base de las distintas investigaciones realizadas en los años anteriores al concilio. Para pronunciar una sentencia definitiva, por tanto, habría sido necesario un proceso regular que contemplara entre otras cosas la exposición de los argumentos de la defensa por parte de la orden. Pero el escándalo suscitado por las infamantes acusaciones dirigidas a los Templarios (herejía, idolatría, homosexualidad y prácticas obscenas) habría disuadido a cualquiera, según el pontífice, de llevar la vestimenta templaria y, por otra parte, una dilación en la decisión sobre tales cuestiones habría producido la dilapidación de ingentes riquezas ofrecidas por los cristianos a la orden, encargada de correr en ayuda de la Tierra Santa para combatir a los enemigos de la fe. La atenta consideración de estos peligros, junto con las presiones por parte francesa, convencieron al papa a suprimir la Orden de los Caballeros del Templo, al igual que en el pasado, y por motivaciones menores, había sucedido a órdenes religiosas de importancia mucho más relevante.

jueves, 21 de octubre de 2010

El porvenir de los libros según Umberto Eco y Robert Darnton - PATRICIO TAPIA

(Artículo publicado en el sitio: http://blogs.elmercurio.com/cultura/2010/10/17/el-porvenir-de-los-libros-segu.asp y fechado el Domingo 17 de Octubre de 2010)

El porvenir de los libros según Umberto Eco y Robert Darnton por Patricio Tapia

De los diversos instrumentos del hombre —decía Borges, en una conferencia de 1978— el más asombroso es, sin duda, el libro”. Los demás, señalaba, son extensiones del cuerpo: el microscopio o el telescopio, de la vista; el teléfono, de la voz; el arado o la espada, del brazo. Pero el libro es otra cosa: es una extensión de la memoria y de la imaginación. Agregaba que alguna vez había pensado escribir una historia del libro, precisando que su preocupación no era por los objetos materiales: “No me interesan los libros físicamente (sobre todo los libros de los bibliófilos, que suelen ser desmesurados), sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido”.
Si en la tensión entre la inmaterialidad y la materialidad de los libros, Borges parecía optar por la primera (aunque en otras ocasiones evocó volúmenes de manera tan concreta, que cuesta creerle), sería factible imaginarlo defendiendo las bondades del ciberespacio, especialmente ante la posibilidad de realizar el sueño de la biblioteca universal. Pues el proyecto de Google de digitalizar y poner en la internet millones de libros es algo parecido. Pero el “entorno digital”, en realidad, ha provocado menos optimismo que pesimismo en lo que a los libros se refiere y “soportes” como el libro digital han llevado a vaticinar la muerte del libro tal como lo conocemos.

La máquina perfecta
Con anterioridad a su eventual desaparición, dos libros se han ocupado de esas extensiones de la memoria y la imaginación. En uno, “The Case for Books”, el historiador Robert Darnton recoge una serie de ensayos para completar “un libro sobre libros, una desvergonzada apología de la palabra impresa, pasada, presente y futura” y “una argumentación sobre el lugar de los libros en el entorno digital”. En el otro, “Nadie acabará con los libros”, el periodista Jean-Philippe de Tonnac conversa con el semiólogo y novelista Umberto Eco y con el dramaturgo y guionista (colaborador de Buñuel) Jean-Claude Carrière sobre las venturas y desventuras del libro: ambos entrevistados son bibliófilos, coleccionistas de libros antiguos y raros.
Para Eco y Carrière el libro como lo conocemos, el codex —con páginas que se hojean frente al rollo que se va desenrollando— sería tecnológicamente insuperable. Eco afirma que la internet ha obligado a volver a leer, pero el soporte no puede ser únicamente la pantalla: dos horas leyendo una novela allí y “los ojos se convertirán en dos pelotas de tenis” y concluye: “Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función, ni su sintaxis, desde hace más de quinientos años. El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor”. Carrière, por su parte, recuerda que las nuevas tecnologías tienen un vertiginoso ritmo de innovación y una rápida obsolescencia. No hay nada más efímero que los “soportes duraderos”, sostiene, que obligan a coleccionar lo que la tecnología desplaza: para leerlos deben conservarse los antiguos lectores. Y saca un libro incunable: “Aún podemos leer un texto impreso hace seis siglos. Pero ya no podemos ver un cinta de vídeo o un CD-ROM de hace apenas algunos años”.
Pero el encanto de las conversaciones de Eco y Carrière está menos en ese tipo de reflexiones (y las posteriores sobre la censura y la destrucción de libros) que en los frecuentes desvíos de sus argumentaciones. Esto es, en las digresiones sobre todo tipo de temas —la alimentación de los cantantes, la orientación de las cámaras en el cine, la conquista de México, la biblioteca de Tombuctú, los quipus incas— o en las anécdotas e historias que surgen al pasar: desde los libros en la antigua Roma o los autores que aman, sus amistades (como el coleccionista brasileño José Mindlin) hasta cómo se interesaron por los libros, qué libro les gustaría tener (Eco, una “Biblia” de Gutenberg; Carrière, un códice maya desconocido), qué pasará con sus colecciones una vez muertos.

Coleccionistas
El tema de sus colecciones, cómo las formaron y qué es lo que más valoran en ellas, encierra algunos de los mejores momentos. Carrière valora sus colecciones de “El viaje a Persia”, desde el siglo XVIII. La colección de Eco, según él, es una Bibliotheca semiologica curiosa magica et pneumatica, o en otras palabras, una colección dedicada al saber oculto y al saber falso. “Tengo a Ptolomeo, que se equivocaba sobre el movimiento de la Tierra, pero no tengo a Galileo, que tenía razón”. Como a Carrière también le interesa el tema de la estupidez (ha escrito un diccionario de ella), es un asunto del que hablan bastante: Eco refiere una serie de lingüistas locos con teorías sobre el origen del lenguaje, o alguien que en el siglo XX publicó un libro de 1.500 páginas con su correspondencia con Einstein y Pío XII: sólo contiene las cartas enviadas, pues nunca le respondieron. A eco la falta un libro de Athanasius Kircher y Carrière lo presenta: el jesuita alemán del siglo XVII que escribió 30 libros sobre matemáticas, astronomía, música, acústica, arqueología, medicina, una enciclopedia sobre China, pero que además fue el inventor teórico del cine (en una obra suya está la primera representación de un ojo que mira imágenes móviles a través de un disco giratorio), imaginó una orquesta de gatos (tirándoles la cola) y una máquina para limpiar volcanes.

Darnton y el proyecto Google
El libro de Robert Darnton tiene otra perspectiva. En uno de sus ensayos señala que, simplificando las cosas, se podría hablar de cuatro cambios fundamentales en la tecnología de la información desde que los humanos aprendieron a hablar. El primero, cerca del año 4.000 a. C. cuando aprendieron a escribir (la escritura alfabética se remonta al año 1.000 a. C.); el segundo, con el codex, al comienzo de la era cristiana, que transformó la experiencia de la lectura; luego, la invención de la imprenta con tipos móviles en el siglo XV, que permitió el crecimiento cada vez mayor del público lector; el último gran cambio, la comunicación electrónica y la internet es muy reciente: fines del siglo XX.
Tras una distinguida carrera como historiador en la Universidad de Princeton, Darnton es, desde 2007, profesor y director de la red de bibliotecas de Harvard. En esa condición le tocó participar en dos importantes eventos: el proyecto Google Book Search y el movimiento de libre acceso (esto es que los artículos académicos de los profesores de Harvard estén disponibles en internet y sin costo). Como historiador de la Ilustración, a Darnton le atrajo la idea de una República de las Letras accesible a todos, que el proyecto Google parecía implicar, pero luego se ha mostrado como un decidido crítico del mismo, no sólo por la idea de la eventual suplantación en formato digital, sino porque significaría un monopolio que podría tender a favorecer las ganancias privadas a expensas del bien público. Según él, la misión comercial oculta de Google se demostró cuando anunció, en octubre de 2008, que había llegado a un acuerdo con un grupo de autores y editores que lo estaban demandando por una infracción de derechos de autor. El acuerdo creó un mecanismo complejo para compartir las ganancias que generaría el vender el acceso a la base de datos de Google, en que las bibliotecas —que habían prestado sus libros— deberían pagar una suscripción institucional.

Girar y hacer clic
Cuando intenta prever el futuro, Darnton mira hacia el pasado. Así, en un ensayo de 1999 demuestra la hiperinflación artificial del precio de las revistas académicas; en otro, de 2001, recuerda que la idea de cambiar el formato de papel ya ha fracasado antes: entre las décadas de 1950 y 1980, el reemplazo de millones de libros y diarios por microfilm terminó en grandes pérdidas, pues el nuevo formato no duraba mucho y una serie de defectos lo tornaba ilegible. Pero está lejos de desdeñar lo digital: “Como quiera que sea el futuro, será digital, y el presente es un tiempo de transición en el que los modos de comunicación impresos y digitales coexisten”.
En algún momento Eco menciona que las generaciones anteriores adquirieron gestos como girar una llave, pero las actuales simplemente pulsan o hacen clic. Darnton también refiere la diferencia entre jóvenes y mayores: “Las antiguas generaciones aprendieron a ajustar los diales girando perillas; las nuevas generaciones apretando interruptores” en máquinas. Pero confirma que la máquina más antigua de todas, el codex, sigue dominando el mercado de la lectura y un medio no desplaza a otro, al menos en el corto plazo. Ahoar bien, en una de las conversaciones de “Nadie acabará con los libros”, se preguntan, en caso de una desgracia, ¿qué libro rescataría de su biblioteca? Carrière menciona, manuscritos de Jarry, Breton y un libro de Lewis Carroll que contiene una carta. Eco, en cambio, afirma: “Tras haber hablado tan bien de los libros, déjeme decir que me llevaría mi disco duro externo de doscientas cincuenta gigas, que contiene todos mis escritos de los últimos treinta años”, aunque agrega que si aún tuviera la posibilidad, intentaría salvar alguno de sus libros antiguos, no necesariamente el más caro, sino el que más quiero”.
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